El martes pasado, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero visitó la CadenaSER y fue entrevistado por Àngels Barceló en Hora 25. Estuve todo el día trabajando con el equipo para emitir en directo por streaming de vídeo la entrevista.
Pero me detengo en el operativo de seguridad que acompaña al presidente. Dos horas antes de la entrevista llegó un grupo cuyo estereotipo es el que solemos ver en las películas: vestidos generalmente de trajes oscuros, con algún escudo identificador en la solapa del saco, y los infaltables audífonos de comunicación con un cable en forma de espiral que se desliza por la espalda.
Pero estos guardias eran algo diferentes. Todos muy amables, educados y ninguno tenía la cara de piedra o los modos de barrabrava de Chacarita…
Yo tenía que ir y venir del estudio, y nadie me franqueaba el paso con un “¿usted adónde va?”, por el contrario, al pasar al lado de cada uno, un amable “buenas noches” era lo único que escuchaba.
Lo cuento aquí porque en un contexto complejo del mundo donde el terrorismo es una amenaza constante (no olviden que Al Qaeda amenaza siempre con volver a atacar España), las medidas extremas de seguridad de un presidente no necesitan de Rambos, también son eficientes “con el debido respeto”.

